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Mujeres que sostienen, transforman y abren camino en la pesca deportiva y el turismo costero en Costa Rica

Autora: Aurora Camacho Navarro

La pesca deportiva y el turismo costero en Costa Rica también tienen rostro de mujer. Aunque históricamente poco visibles en un sector tradicionalmente masculinizado, las mujeres participan hoy desde múltiples espacios: forman nuevas generaciones, navegan, investigan, enseñan, lideran, organizan, sostienen emprendimientos y fortalecen redes comunitarias vinculadas al mar y a los territorios costeros.

Cuando se piensa en pesca deportiva, la imagen que suele aparecer es la de hombres en embarcaciones enfrentando el mar y el pez. Sin embargo, en distintos territorios del país, mujeres de diversas edades y trayectorias participan activamente del sector, aunque muchas veces su presencia haya permanecido menos visible.

En Costa Rica, mujeres vinculadas a la pesca deportiva y el turismo costero navegan, investigan, enseñan, organizan, lideran procesos, sostienen emprendimientos y promueven buenas prácticas. Sus historias reflejan un sector en transformación, donde comienzan a ampliarse voces, conocimientos y formas de participación.

Más que una excepción, su presencia muestra un proceso de cambio: el sector está ampliando sus voces, conocimientos y liderazgos.

La literatura sobre pesca y género ha documentado cómo las mujeres han sostenido históricamente funciones centrales —aunque muchas veces invisibilizadas— dentro de la cadena pesquera y turística vinculada al mar y a los ecosistemas acuáticos: organización, comercialización, administración, logística, procesamiento, cuidado comunitario y transmisión de saberes . Sin embargo, su aporte ha sido frecuentemente subvalorado o excluido del reconocimiento social, económico e institucional, como resultado de estructuras históricas de división sexual del trabajo y de masculinización del sector pesquero, donde las actividades realizadas por mujeres han tendido a permanecer menos visibles o reconocidas.

Hoy, estas historias muestran algo distinto: mujeres que no solo acompañan el sector, sino que también lo lideran, innovan y reconfiguran.

Romper barreras, abrir horizontes: mujeres transformando un sector tradicionalmente masculinizado

Durante décadas, la pesca deportiva y turística, así como también las actividades vinculadas al mar han sido percibidas como espacios predominantemente masculinos. Sin embargo, en distintos territorios del país, mujeres de diversas edades y trayectorias están ampliando las fronteras de lo posible. Desde la formación náutica y la pesca deportiva, hasta la ciencia, la organización comunitaria y el liderazgo gremial, sus experiencias muestran cómo el ingreso y permanencia de las mujeres en el sector no solo transforma sus propias vidas, sino también las dinámicas, conocimientos y horizontes del sector en su conjunto. Las siguientes historias reflejan procesos de apertura, aprendizaje, resistencia y construcción colectiva de nuevas oportunidades.

 

 

Participantes de Ciencia Ciudadana Marina (CCMAR) Santa Elena realizan actividades de monitoreo de especies marinas en Bahía Santa Elena, fortaleciendo procesos de ciencia ciudadana y conservación en Guanacaste. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

Lucía Vargas – CCMAR Santa Elena

 

Lucía Vargas, de Ciencia Ciudadana Marina (CCMAR) Bahía Santa Elena, fortalece procesos de ciencia ciudadana, conservación marina y participación de mujeres vinculadas a los ecosistemas marinos del Pacífico Norte costarricense. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

En Cuajiniquil, Guanacaste, Lucía Vargas representa otra dimensión del papel de las mujeres en el sector pesquero y costero: la articulación entre ciencia, conservación y trabajo comunitario.

A través de su participación en Ciencia Ciudadana Marina (CCMAR) Santa Elena, Lucía forma parte de un proceso que ha contribuido a acercar el conocimiento científico a las comunidades costeras, fortaleciendo prácticas sostenibles y promoviendo nuevas formas de relación con el mar.

Más que un proyecto de investigación aislado, el trabajo impulsado desde CCMAR ha permitido construir puentes entre personas pescadoras, tour operadores, liderazgos locales y equipos científicos, generando experiencias de aprendizaje compartido y apropiación comunitaria del conocimiento. Como relatan actores vinculados al proceso, la ciencia ha dejado de percibirse como algo lejano o exclusivamente académico, para convertirse en una herramienta concreta de conservación y toma de decisiones colectivas.

Desde esta experiencia, Lucía propone una mirada distinta sobre la pesca deportiva: no solo como una actividad recreativa o económica, sino también como una herramienta con potencial para la investigación, la generación de información y la conservación marina.

Como ella explica: “La pesca deportiva, como hemos visto, es una herramienta de investigación por el arte de pesca y la práctica de liberación, que maximiza la supervivencia de los peces.”

Su reflexión reconoce el potencial de las personas pescadoras como aliadas estratégicas para el conocimiento y la sostenibilidad del mar:

“Creemos que el pescador deportivo tiene mucho poder cada vez que está pescando, para generar datos, no solo en eventos de monitoreo participativo, sino también durante sus tours o salidas al mar. Es una gran oportunidad para la conservación y el beneficio socioeconómico de las comunidades costeras.”

Su experiencia evidencia cómo el conocimiento científico y el conocimiento territorial pueden dialogar y fortalecerse mutuamente, ampliando las formas en que el sector entiende el cuidado del recurso marino y la sostenibilidad de la actividad pesquera.

La historia de Lucía recuerda algo esencial: la transformación del sector no depende únicamente de quién pesca o navega, sino también de quienes investigan, articulan, enseñan y construyen conocimiento desde el territorio.

Porque cuidar el mar también es una forma de sostener el presente y futuro de las comunidades costeras.

Escuela Náutica Femenina Flamingo

Kiara Guzmán y Cristina Sánchez

 

Kiara Guzmán participó en la primera generación de la Escuela Náutica Femenina desarrollada en Flamingo, una iniciativa impulsada por FECOP. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

En Flamingo, Kiara Guzmán y Cristina Sánchez formaron parte de una experiencia pionera orientada a ampliar oportunidades para las mujeres en un sector históricamente masculinizado. Su participación estuvo vinculada a la Escuela Náutica Femenina, una iniciativa impulsada por la Federación Costarricense de Pesca Turística (FECOP) que buscó promover la participación de las mujeres en actividades relacionadas con el mar, la pesca turística y deportiva y el ámbito náutico.

 

Cristina Sánchez, desde la administración de Marina Flamingo, brindó apoyo a la primera generación de la Escuela Náutica Femenina en Flamingo. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

Con el paso de los años, esta experiencia evolucionó y dio origen a lo que actualmente se conoce como Escuela para Náuticas, ampliando su alcance y consolidando procesos de formación orientados a fortalecer las capacidades y oportunidades de las mujeres dentro del sector marítimo y pesquero.

Kiara participó en esta experiencia formativa durante una etapa del proceso, fortaleciendo conocimientos vinculados al servicio al cliente, atención de personas visitantes y dinámicas asociadas a experiencias de pesca turística y deportiva, habilidades relevantes dentro de un sector estrechamente ligado al turismo y la hospitalidad. Cristina, por su parte, brindó apoyo desde la administración de Marina Flamingo, aportando especialmente conocimientos vinculados a seguridad, logística y acompañamiento operativo, elementos fundamentales dentro de las actividades náuticas y de pesca turística y deportiva.

Aunque actualmente no existe un esfuerzo similar activo en la zona, la experiencia de Flamingo marcó un antecedente importante en la apertura de espacios para mujeres dentro del sector. Porque la Escuela representa mucho más que un lugar donde aprender marinería, navegación o pesca deportiva. Es un espacio donde mujeres jóvenes adquieren herramientas técnicas, fortalecen su confianza y descubren nuevas posibilidades laborales en un ámbito donde han tenido menor presencia.

Lo que emerge de sus historias trasciende la formación técnica. También aparece una transformación personal y colectiva: la posibilidad de imaginar otros futuros para las mujeres dentro del sector pesquero.

En el caso de Kiara, esta experiencia también está profundamente vinculada con la maternidad. Como ella expresa: “Realmente ser una madre y ser una pescadora es una de las cosas más importantes que han pasado en mi vida, porque para nuestros hijos es importante ver a una mujer valiente, fortalecida.”

Más que una experiencia individual, su relato habla de algo más amplio: la importancia del modelaje intergeneracional, de cómo niñas y niños construyen referentes sobre lo que consideran posible a partir de las experiencias que observan en las personas adultas significativas. En este caso, crecer viendo a una mujer navegar, pescar, aprender y abrirse camino en un sector tradicionalmente masculinizado también amplía imaginarios sobre el lugar de las mujeres en el mar y en la vida.

Kiara destaca que su trayectoria en la pesca está vinculada a la importancia de ampliar referentes para las nuevas generaciones, mostrando que las mujeres también pueden desarrollar y liderar actividades vinculadas al mar y a la pesca turística y deportiva.

Ambas, Cristina y Kiara, coinciden en que la formación y el acompañamiento entre mujeres ha sido fundamental para sostenerse en un espacio donde todavía persisten estereotipos de género. Sus experiencias muestran cómo el acceso a formación técnica puede convertirse en una herramienta concreta de inclusión, fortaleciendo no solo capacidades individuales, sino también nuevas formas de participación femenina dentro de la pesca deportiva.

Como sintetizan ambas: “Las mujeres también tenemos la capacidad de hacer cualquier cosa que nos propongamos”.

Lejos de ocupar un lugar secundario, experiencias como la de Flamingo evidencian cómo ampliar la participación de las mujeres dentro de la pesca deportiva y las actividades náuticas fortalece capacidades, diversifica oportunidades y contribuye a construir un sector más inclusivo y representativo.

Escuela para Náuticas de Quepos

Josabeth González y Marisol Sánchez

 

 

Josabeth González y Marisol Sánchez, de Escuela para Náuticas de Quepos, fortalecen procesos de formación, liderazgo y participación de mujeres en actividades vinculadas a la pesca turística y deportiva y al sector marítimo-costero en Costa Rica. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

En Quepos, Josabeth González y Marisol Sánchez representan otra cara de la transformación del sector: mujeres que no solo ingresaron al mar, sino que hoy también acompañan a otras a navegarlo.

Ambas forman parte de la Escuela para Náuticas de Quepos, un espacio de formación impulsado para ampliar la participación de las mujeres en actividades vinculadas a la pesca deportiva, la marinería y el sector náutico. Su trayectoria refleja un proceso significativo de aprendizaje, liderazgo y continuidad: pasaron de ser estudiantes a convertirse en profesoras de la Escuela, compartiendo conocimientos y acompañando a nuevas generaciones de mujeres interesadas en el mar, la pesca turística y deportiva y las actividades náuticas.

La Escuela funciona como una puerta de entrada a un espacio históricamente masculinizado. Allí, mujeres jóvenes aprenden sobre partes del bote, seguridad, armado de carnadas, técnicas de pesca y trabajo en el mar, combinando teoría y práctica como base para ampliar oportunidades laborales y fortalecer su participación en el sector.

Sin embargo, en sus relatos aparece algo más profundo que el aprendizaje técnico: el orgullo de ocupar un espacio que durante mucho tiempo se pensó ajeno para las mujeres.

Como expresa Josabeth:

“Venimos a romper estereotipos, porque es un trabajo que se dice que solamente es de hombres, pero si ya hay más de una muchacha haciendo esto y no por un corto plazo, quiere decir que también nosotras tenemos la capacidad de hacer cualquier cosa que nos propongamos.”

Marisol, por su parte, describe el vínculo con el mar como una experiencia profundamente significativa:

“El mar para mí es algo hermoso… la adrenalina que se siente en la pesca es increíble.”

Sus testimonios muestran cómo la participación de las mujeres en la pesca deportiva no responde únicamente a una oportunidad laboral, sino también a una relación afectiva, corporal y emocional con el mar, marcada por el disfrute, la autonomía y el aprendizaje.

Además, su paso de estudiantes a instructoras refleja un proceso de liderazgo y acompañamiento entre mujeres, donde el conocimiento adquirido se comparte para abrir oportunidades a otras. En este sentido, su experiencia evidencia cómo la formación técnica puede convertirse también en una herramienta de transformación colectiva.

Las historias de Josabeth y Marisol muestran que abrir espacios para las mujeres en la pesca deportiva amplía la participación femenina y también fortalece el sector mediante nuevas habilidades, perspectivas y generaciones de mujeres vinculadas al mar.

 

Josabeth González, de la Escuela para Náuticas de Quepos, fortalece procesos de formación y participación de mujeres en actividades vinculadas a la pesca turística y deportiva y al sector marítimo-costero en Costa Rica. Fotografía: Allan Barboza-Leitón
Marisol Sánchez, de la Escuela para Náuticas de Quepos, impulsa procesos de aprendizaje y apertura de oportunidades para mujeres vinculadas a la pesca turística y deportiva y al sector náutico en Costa Rica. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.https://www.youtube.com/watch?v=QKAKrKxGyOg

Descripción del video: Este video reúne experiencias de mujeres vinculadas a la pesca turística deportiva desde distintos territorios y ámbitos de participación, incluyendo formación náutica, ciencia ciudadana, operación turística y pesca deportiva. A partir de sus trayectorias, se visibilizan procesos de transformación, aprendizaje y fortalecimiento de la participación de las mujeres en el sector. Participan Kiara Guzmán, Cristina Sánchez, Josabeth González, Marisol Sánchez, Lucía Vargas, Hazel Herrera y Fanny Carpio.

Fanny Carpio – Club Amateur de Pesca

Fanny Carpio llegó a la pesca deportiva de una manera poco habitual dentro del gremio. No creció en una familia pescadora, no tenía amistades vinculadas al sector y comenzó a pescar siendo adulta. Su entrada al mundo de la pesca surgió a partir de un interés personal por los deportes acuáticos y de una curiosidad que poco a poco fue convirtiéndose en pasión.

Como ella misma relata, todo comenzó con un kayak y un convivio de pesca:

“A mí siempre me gustaron mucho los deportes acuáticos. Yo tenía un kayak y fui a un convivio de pesca en kayak. Yo no pescaba nada, ni tenía caña. Nada más fui con mi kayak. Y vi a un compañero practicando fly fishing y dije: eso sí lo quiero aprender.”

A partir de ahí comenzó un proceso gradual de aprendizaje. Primero el fly fishing, después spinning y más adelante la pesca offshore. En ese recorrido, destaca el apoyo recibido por compañeros de pesca que compartieron conocimientos, equipo y experiencia, permitiéndole involucrarse progresivamente en un espacio que tradicionalmente se ha considerado masculino.

La pesca se convirtió para ella en un reto técnico, físico y emocional. Parte de lo que más le atrae es precisamente la complejidad de la práctica, especialmente en modalidades como el fly fishing, donde técnica, precisión y lectura del entorno resultan fundamentales.

También recuerda con intensidad las emociones asociadas a las primeras grandes capturas:

“Cuando uno está cerca de un pez grande, la adrenalina es demasiado… es una experiencia de muchos nervios, pero demasiado bonita.”

Entre sus recuerdos más significativos permanece una experiencia en Barra del Colorado, cuando una enorme machaca tomó su mosca mientras pescaba desde un kayak. Aunque perdió la captura, el momento permanece vivo como parte de la intensidad emocional que acompaña la pesca deportiva.

La participación de las mujeres en la pesca deportiva abre también conversaciones más amplias sobre las desigualdades de género presentes dentro del sector. Diversas experiencias señalan desafíos relacionados con el reconocimiento de las mujeres como deportistas, pescadoras y portadoras de conocimiento técnico, frente a imaginarios que históricamente han tendido a sexualizar o minimizar su participación. En este contexto, se plantea la necesidad de fortalecer condiciones de respeto, reconocimiento y participación plena para las mujeres dentro de espacios tradicionalmente masculinizados.

Asimismo, la experiencia de las mujeres en la pesca deportiva permite visibilizar aspectos poco discutidos dentro del sector, como el desgaste físico asociado a largas jornadas bajo el sol, el esfuerzo corporal implicado en la actividad y necesidades específicas relacionadas con el bienestar y permanencia de las mujeres en el deporte. Estos elementos recuerdan la importancia de avanzar hacia condiciones más inclusivas que permitan ampliar el acceso, la permanencia y el reconocimiento de las mujeres dentro de la pesca deportiva.

Aun así, Fanny mira el futuro con optimismo y sueña con ver crecer una generación de mujeres pescadoras en Costa Rica:

“A mí me gustaría que hubiera más mujeres pescadoras aquí en Costa Rica y tener un equipo fuerte de mujeres… que representen el país.”

Su historia muestra que la pesca deportiva también puede aprenderse, construirse y disfrutarse fuera de los caminos tradicionales. A veces, todo comienza con la curiosidad, una oportunidad inesperada y alguien dispuesto a enseñar.

Fanny Carpio, del Club Amateur de Pesca, visibiliza los aportes, desafíos y oportunidades para fortalecer la participación y el reconocimiento de las mujeres dentro de la pesca turística y deportiva en Costa Rica. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

Hazel Herrera – Domus Dei, Parismina

En Parismina, Hazel Herrera representa otra cara de la transformación del sector: mujeres que participan activamente de la pesca deportiva y, al mismo tiempo, construyen comunidad alrededor del mar.

Desde Domus Dei, Hazel ha desarrollado una relación cercana con la pesca deportiva a lo largo de los años, encontrando en ella una experiencia profundamente significativa, vinculada al territorio, al disfrute y al aprendizaje constante.

Para ella, pescar implica emoción, desafío y conexión con el entorno marino. En particular, la experiencia de enfrentarse a especies emblemáticas como el sábalo (tarpon) representa algo difícil de describir:

“Yo, como mujer pescadora, una de las cosas que más me ha gustado es poder tener una pelea con una especie como un tarpon, poder luchar con un ejemplar de esos. Es algo mágico, algo que nunca voy a poder olvidar. Es una de las mejores cosas que podemos vivir.”

Su historia también habla de algo profundamente colectivo: la construcción de comunidad entre mujeres pescadoras.

A partir de su experiencia, Hazel ha acompañado a otras mujeres interesadas en acercarse al mar, generando espacios de confianza, aprendizaje y acompañamiento mutuo. En un sector tradicionalmente masculinizado, estas redes informales resultan fundamentales para ampliar la participación femenina y sostener el interés de nuevas generaciones.

Como ella misma relata:

“Ya tenemos muchas chicas que se han involucrado con nosotras, porque nos gusta estar haciendo comunidad. Somos un grupo grande al que le gusta pescar; entonces siempre son invitadas. Y si no saben, les ayudamos; y si saben, que nos enseñen también.”

La experiencia de Hazel también permite visibilizar una dimensión frecuentemente poco reconocida dentro del sector: el trabajo que sostiene los encadenamientos territoriales vinculados al turismo costero y la pesca deportiva.

Desde la atención a visitantes, la organización cotidiana, la alimentación y el acompañamiento a familias y equipos de trabajo, muchas mujeres forman parte de una economía local profundamente articulada al territorio. A menudo, este trabajo permanece invisibilizado, pese a ser indispensable para el funcionamiento de los emprendimientos y de la experiencia turística asociada a la pesca.

La experiencia de Hazel refleja además algo central en muchas comunidades costeras: las mujeres ayudan a sostener el sector comunitaria y afectivamente, fortaleciendo vínculos, hospitalidad y formas de cuidado que permiten la continuidad de estos emprendimientos.

Hazel recuerda algo importante: el mar también es un espacio de encuentro, comunidad y construcción colectiva entre mujeres. Transformar un sector implica abrir caminos, pero también sostener redes de confianza donde otras mujeres encuentren apoyo, aprendan juntas y se sientan bienvenidas a participar.

Su experiencia amplía la forma en que entendemos la pesca deportiva y el turismo costero: una actividad profundamente conectada con personas, cuidados, aprendizajes y vínculos que hacen posible la vida cotidiana de las comunidades costeras.

Hazel Herrera y Garvin Watson, de Parismina Domus Dei, fortalecen una propuesta vinculada a pesca turística y deportiva, hospitalidad y articulación comunitaria en Parismina, Caribe Norte costarricense. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

Oportunidades y retos: hacia un sector más inclusivo y fortalecido

Las historias compartidas muestran que las mujeres ya forman parte activa de la pesca deportiva y el turismo costero en Costa Rica, aunque sus aportes no siempre hayan sido visibles o plenamente reconocidos. Participan desde distintos lugares: formando nuevas generaciones, navegando, investigando, liderando procesos organizativos, promoviendo buenas prácticas, sosteniendo emprendimientos familiares y construyendo comunidad en torno a entornos acuáticos. Estas trayectorias reflejan un sector en transformación, donde comienzan a ampliarse los espacios de participación y liderazgo femenino.

Sin embargo, también emergen desafíos importantes. Persisten estereotipos de género que asocian la pesca deportiva con lo masculino, barreras de acceso vinculadas a recursos económicos, formación técnica y oportunidades de participación, así como experiencias de discriminación, sexualización o cuestionamiento hacia las mujeres dentro del gremio. Además, las brechas territoriales, las desigualdades en el acceso a equipo especializado y la limitada representación femenina en espacios de toma de decisión continúan siendo retos presentes.

A esto se suman desafíos estructurales que atraviesan al sector en su conjunto: la necesidad de fortalecer buenas prácticas pesqueras, promover procesos de educación y sensibilización comunitaria, consolidar la pesca responsable, generar información para la conservación y fortalecer los encadenamientos económicos que sostienen la pesca deportiva y el turismo costero en los territorios.

Al mismo tiempo, las experiencias aquí narradas permiten reconocer importantes oportunidades. La formación técnica para mujeres, el fortalecimiento de redes de apoyo, el intercambio de conocimientos entre generaciones y territorios, la articulación entre ciencia y comunidades, así como el creciente interés de mujeres jóvenes por vincularse al mar, abren posibilidades concretas para el futuro del sector.

Las voces de Kiara, Cristina, Josabeth, Marisol, Lucía, Hazel y Fanny muestran que, ampliar la participación de las mujeres constituye un asunto de igualdad y también una oportunidad para fortalecer el sector desde nuevas capacidades, conocimientos, liderazgos y formas de relación con el mar.

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Actividad de monitoreo participativo de especies marinas en Bahía Santa Elena, donde conocimiento local, ciencia ciudadana y participación comunitaria contribuyen a la conservación de ecosistemas marinos. Fotografía: Allan Barboza-Leitón.

Este blog es parte de un proceso de consultoría sobre la identidad sectorial de pesca turística y deportiva, a cargo de Aurora Camacho Navarro, consultora del proyecto “Pesca Turística Participativa” desarrollado por la Federación Costarricense de Pesca (FECOP), con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos de América en Costa Rica. Para conocer más sobre las comunidades que viven y practican la pesca deportiva y turística en nuestro país visite: https://es.fishcostarica.org/comunidades

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